Ayer se me acabo una parte de la infancia de la manera más dolorosa y abrupta que alguien en la vida puede tener. Con una muerte.
Se nos murió el frágil Antonio Vega, el chico que escribió Lucha de Gigantes.
Cuando salió esa canción estaba como hoy, en medio de una crisis, en medio de las soledades, de esas que te genera la vida, y de las peores, de las que te creas tu mismo por los errores y los miedos...
Creo en los fantasmas terribles
de algún extraño lugar
y en mis tonterías
para hacer tu risa estallar
Y es verdad, a todos nos pesa la enormidad del mundo. De salir cada mañana y tener que comerse el orgullo para pagar la nómina. De estar de la mano de gente de la que no conoces nada y que ves a tu alrededor que el amor solo se convierte en una costumbre. Del miedo de estar vivo y de vivir atrapado en pesadillas y en sueños que te perturban.
Para Antonio fue la droga (puta droga) la que le atrapo. Ustedes pueden nombrar su respectiva apocalipsis interna.
Hoy aquí, y ahora:
Dime que es mentira todo,
un sueño tonto y no más
Por que los mejores no pueden irse así, mostrándonos que este mundo es descomunal y hostil. Solo nos queda esperar, resistir, y buscar el sol... otro día, en otra ciudad, en otro tiempo.



